El hombre lobo adolescente.
La Respuesta.
27 de mayo de 2010. 07:12 a.m. Regresando de Trujillo a Lima, en un avión de Lan.
Regreso de verla a ella, y por default (como le dije en son de broma), de ver a la maravilla que lleva en el vientre. Triste estoy, no hay duda, porque esta es una situación diferente, y especial, ella está embarazada, y lejos. Traté de convencerla de que a pesar de la distancia no está sola, que estoy con ella a la distancia, que nada mas que ella me preocupa en este momento de mi vida.
En el primer posteo mencioné que dejé que se vaya por amor a un futuro juntos, y que quiero que me lleve hasta donde ella está (¿Alguien dijo los Cafres?), bueno; por dejar que se vaya, la fui a visitar, y por irla a visitar, ahora vamos a ser padres, y créanme, no hay otro lugar en el mundo donde quisiera estar ahora que no sea con ella.
Este posteo tiene algo de especial, porque en el trato de explicar que si existen las señales, que si existe el instinto, que si podemos creer que la vida tiene algo escrito para todos nosotros, y que no necesariamente alguien tiene que hacer algo por nosotros para que uno se de cuenta lo importante que es una persona. Hay personas que simplemente tienen que existir, y punto. A donde quiero llegar es a la pregunta que me hiciste sobre si habías hecho algo excepcional para que yo te quiera de esta manera. La respuesta es sí. Cuando te pregunté si querías estar conmigo, me dijiste que sí. Y con eso basta.
La counter de Lan en Trujillo, me dijo que el siguiente mes van a tener más vuelos, ojalá sea así.
Saludos Peludos.
domingo, 13 de junio de 2010
martes, 13 de abril de 2010
La cadena sobre la mesa
El hombre lobo adolescente
La cadena sobre la mesa.
Después de 8 (ocho) meses vuelvo a escribir en este blog. Y créanme que lo hago tan o más motivado que al inicio de la historia.
Y la verdad siento que lo último que acabo de decir está mejor que bien.
De nuevo les pido que me entiendan; o sea, nos enamoramos, le compré una billetera, arreglé mi carro sólo pa’ llevarla, se me malogró el carro en Lince, me bajé y lo arreglé, la llevé donde mi tata, me regaló un disco de Pearl Jam donde en una canción le pido que se quede conmigo hasta el día que me muera, vino a mi santo, la recogí del centro, arregló mi reloj, me invitó gaseosa, conocí a su viejo, me recogió del trabajo, nos fuimos al norte, le compré una cartera, puse su foto en mi billetera, fuimos a ver a Los Cafres (donde descubrimos que bastará sólo con verme, y que quiero que me lleve donde ella está), dejé que se vaya sólo por amor a un futuro juntos, la fui a ver, fuimos a Ecuador en clase ejecutiva, dormí con ella en la clínica y hasta la llevé a conocer a mi tía Lula.
Enumero los momentos, y disfruto al hacerlo, sé que menciono pocos dentro de tantos, pero no por eso son menos significativos, al contrario, creo que demuestran que hemos vivido intensamente, hasta donde nuestros cuerpos y nuestros sueldos nos han dejado.
No estará de más una aclaración. Esto que escribo se llama la cadena sobre la mesa, porque la cadena que uso (casi idéntica a la que ella usa), que tiene una placa, donde están cruzadas nuestras iniciales, está mirándome en la mesa de mi comedor; la dejé ahí apenas llegué de trabajar, mientras cocinaba mi comida con lo último de gas que quedaba y muriéndome de ganas por una Inca Kola heladísima. La cadena la hizo mi papá, y es por eso que ambas cadenas, al haber sido hechas por mi viejo, y al tener la misma figura en la placa, llevan una carga emocional bastante grande, que, por qué no decirlo, hacen que la sienta más unida a mí, a mi vida.
No sé porque me dieron ganas de escribir, debe ser por algo de culpa no? Como que inevitablemente uno busca que esto sea leído por quien debe ser leído. Y entonces, si lo va a leer ella, tiene que ser bonito pues carajo, tan bonito que le pueda gustar a la persona más bonita del mundo.
Este posteo va a ser mucho más corto que el anterior. Pero no por eso menos intenso, va a ser leído más rápido, por lo corto que es, pero hasta eso fue pensado (con tanto trabajo seguro no tendrá mucho tiempo para leerlo), pero confío en que ese momento esté acompañado del silencio correspondiente, necesario para que al cerrar los ojos, imagine que lo que acaba de leer, se lo estoy leyendo yo.
Saludos Peludos
La cadena sobre la mesa.
Después de 8 (ocho) meses vuelvo a escribir en este blog. Y créanme que lo hago tan o más motivado que al inicio de la historia.
Y la verdad siento que lo último que acabo de decir está mejor que bien.
De nuevo les pido que me entiendan; o sea, nos enamoramos, le compré una billetera, arreglé mi carro sólo pa’ llevarla, se me malogró el carro en Lince, me bajé y lo arreglé, la llevé donde mi tata, me regaló un disco de Pearl Jam donde en una canción le pido que se quede conmigo hasta el día que me muera, vino a mi santo, la recogí del centro, arregló mi reloj, me invitó gaseosa, conocí a su viejo, me recogió del trabajo, nos fuimos al norte, le compré una cartera, puse su foto en mi billetera, fuimos a ver a Los Cafres (donde descubrimos que bastará sólo con verme, y que quiero que me lleve donde ella está), dejé que se vaya sólo por amor a un futuro juntos, la fui a ver, fuimos a Ecuador en clase ejecutiva, dormí con ella en la clínica y hasta la llevé a conocer a mi tía Lula.
Enumero los momentos, y disfruto al hacerlo, sé que menciono pocos dentro de tantos, pero no por eso son menos significativos, al contrario, creo que demuestran que hemos vivido intensamente, hasta donde nuestros cuerpos y nuestros sueldos nos han dejado.
No estará de más una aclaración. Esto que escribo se llama la cadena sobre la mesa, porque la cadena que uso (casi idéntica a la que ella usa), que tiene una placa, donde están cruzadas nuestras iniciales, está mirándome en la mesa de mi comedor; la dejé ahí apenas llegué de trabajar, mientras cocinaba mi comida con lo último de gas que quedaba y muriéndome de ganas por una Inca Kola heladísima. La cadena la hizo mi papá, y es por eso que ambas cadenas, al haber sido hechas por mi viejo, y al tener la misma figura en la placa, llevan una carga emocional bastante grande, que, por qué no decirlo, hacen que la sienta más unida a mí, a mi vida.
No sé porque me dieron ganas de escribir, debe ser por algo de culpa no? Como que inevitablemente uno busca que esto sea leído por quien debe ser leído. Y entonces, si lo va a leer ella, tiene que ser bonito pues carajo, tan bonito que le pueda gustar a la persona más bonita del mundo.
Este posteo va a ser mucho más corto que el anterior. Pero no por eso menos intenso, va a ser leído más rápido, por lo corto que es, pero hasta eso fue pensado (con tanto trabajo seguro no tendrá mucho tiempo para leerlo), pero confío en que ese momento esté acompañado del silencio correspondiente, necesario para que al cerrar los ojos, imagine que lo que acaba de leer, se lo estoy leyendo yo.
Saludos Peludos
miércoles, 5 de agosto de 2009
¿La gorda sinceridad?
El hombre lobo adolescente
¿La gorda sinceridad?
¿Creen que gorda suena muy fuerte? ¿Creen que debería decir gordita si me refiero a una chica que me gusta? Yo no creo realmente que esto sea relevante. Si lo consideran adecuado, cámbienle el titulo a La gordita sinceridad, y por favor comenten, eso sí, comenten. Esta entrada debió llamarse realmente “Las cosas claras”, porque ese es el fondo real del asunto, pero cuando nació la idea (copiada definitivamente del hecho de que la gordita tiene un blog), la sinceridad de lo que nos decíamos era el punto de discusión en mi mente.
Ustedes no entienden. No es que no le crea...es que me cuesta mucho entenderla. Y no es que me haga problemas, sino que después de andar por donde la vida la llevaba, y con quien la vida la llevaba para ser exacto...se vino a cruzar en mi camino. Y hasta donde entiendo, eso la hace feliz. En la última entrada de su blog me posteó una canción, y de verdad, hasta este corazón de wookie se conmovió (de hecho no mucho por la canción en sí, los que me conocen saben que no soy muy romántico, pero si por el hecho de postearla).
Yo me siento bastante cómodo con este tema, dado que no existe ningún tipo de presión entre nosotros, las cosas andan claras y claras deben seguir (de hecho ya tengo suficiente con las presiones que yo mismo me impongo, como para aguantar otra vez algún tipo de presión en el terreno sentimental). Ahora, mentiría si dijera que la extraño a chorros, porque no es así, quiero decir, aún no es así (que gracioso suena decir que “aún” no es así), quiero verla, y me gustaría tener mas tiempo, y que ella también lo tenga; pero es mejor que nuestro propio Schedule nos haga vernos así, poquito nomás, para así extrañarnos mejor.
Yo siempre digo que la vida debe tener un toque místico para que tenga su saborcito. Y también creo que la vida nos da señales a las que debemos hacerles caso; por ejemplo, para mi una señal fue verla en el Kfc de Camacho el día que íbamos a tomar en la casa de mi pata con mi otro pata para llorar nuestras propias penas (con un ron de por medio por supuesto), de hecho solo llorábamos los dos visitantes (llorar es un decir, por supuesto, nadie lloró), por que el dueño de casa, lloraba, pero por dentro.
Eso también me hace pensar en la otra señal (de la que hablaré después, porque es mucho rollo y además tendría que hablar de mi amigo y su jefanovia), señal que fue la que me hizo pensar que por algo pasan las cosas. Me refiero esta vez a cuando me la encontré en Lince, y, aunque suene medio acosador, la seguí al kiosco donde venden chifles y le pedí su teléfono (y ella me dio hasta su mail!). Analizando la coyuntura emocional en la que me encontraba, comprendan que esto fue más que inesperado y necesario.
Todos los hechos previos, algunos relevantes, y otros no tanto; por ejemplo, el hecho de que ese día haya quedado con mis amigos en tomar, y el hecho de que sé que para tomar antes hay que comer, y para eso no hay mejor que la comida chatarra; de la cual soy hincha desde que trabajé en bembos, trabajo que conseguí porque me pasó la voz una amiga de la confirmación, confirmación que hice en el mismo colegio donde estudió mi papá, colegio que queda en Santa Catalina, lugar a donde decidió mudarse mi abuelo hace casi 50 años porque pensaba que se iba a convertir en algo así como San Borja (claro que al final, se parece cada vez más a Balconcillo). En fin, todo esto, hizo que ese día fuera a Kfc en vez de comerme un sanchuchón de luca al frente de mi universidad (claro que también influyó el hecho de que no exista un cajero del BCP hasta el grifo que está al frente del Kfc). En fin, todo esto hizo que la viera por primera vez.
Esto ocurrió hace un poco más de un año. Y la verdad es que volví a chatear con ella recién hace como tres meses, cuando empezamos a contarnos la última parte de nuestra vida previa. No sé qué es lo que va a pasar ahora, pero todo anda bien encaminado, y espero que siga así, si es que antes no le hago perder la paciencia, claro.
Saludos peludos.
¿La gorda sinceridad?
¿Creen que gorda suena muy fuerte? ¿Creen que debería decir gordita si me refiero a una chica que me gusta? Yo no creo realmente que esto sea relevante. Si lo consideran adecuado, cámbienle el titulo a La gordita sinceridad, y por favor comenten, eso sí, comenten. Esta entrada debió llamarse realmente “Las cosas claras”, porque ese es el fondo real del asunto, pero cuando nació la idea (copiada definitivamente del hecho de que la gordita tiene un blog), la sinceridad de lo que nos decíamos era el punto de discusión en mi mente.
Ustedes no entienden. No es que no le crea...es que me cuesta mucho entenderla. Y no es que me haga problemas, sino que después de andar por donde la vida la llevaba, y con quien la vida la llevaba para ser exacto...se vino a cruzar en mi camino. Y hasta donde entiendo, eso la hace feliz. En la última entrada de su blog me posteó una canción, y de verdad, hasta este corazón de wookie se conmovió (de hecho no mucho por la canción en sí, los que me conocen saben que no soy muy romántico, pero si por el hecho de postearla).
Yo me siento bastante cómodo con este tema, dado que no existe ningún tipo de presión entre nosotros, las cosas andan claras y claras deben seguir (de hecho ya tengo suficiente con las presiones que yo mismo me impongo, como para aguantar otra vez algún tipo de presión en el terreno sentimental). Ahora, mentiría si dijera que la extraño a chorros, porque no es así, quiero decir, aún no es así (que gracioso suena decir que “aún” no es así), quiero verla, y me gustaría tener mas tiempo, y que ella también lo tenga; pero es mejor que nuestro propio Schedule nos haga vernos así, poquito nomás, para así extrañarnos mejor.
Yo siempre digo que la vida debe tener un toque místico para que tenga su saborcito. Y también creo que la vida nos da señales a las que debemos hacerles caso; por ejemplo, para mi una señal fue verla en el Kfc de Camacho el día que íbamos a tomar en la casa de mi pata con mi otro pata para llorar nuestras propias penas (con un ron de por medio por supuesto), de hecho solo llorábamos los dos visitantes (llorar es un decir, por supuesto, nadie lloró), por que el dueño de casa, lloraba, pero por dentro.
Eso también me hace pensar en la otra señal (de la que hablaré después, porque es mucho rollo y además tendría que hablar de mi amigo y su jefanovia), señal que fue la que me hizo pensar que por algo pasan las cosas. Me refiero esta vez a cuando me la encontré en Lince, y, aunque suene medio acosador, la seguí al kiosco donde venden chifles y le pedí su teléfono (y ella me dio hasta su mail!). Analizando la coyuntura emocional en la que me encontraba, comprendan que esto fue más que inesperado y necesario.
Todos los hechos previos, algunos relevantes, y otros no tanto; por ejemplo, el hecho de que ese día haya quedado con mis amigos en tomar, y el hecho de que sé que para tomar antes hay que comer, y para eso no hay mejor que la comida chatarra; de la cual soy hincha desde que trabajé en bembos, trabajo que conseguí porque me pasó la voz una amiga de la confirmación, confirmación que hice en el mismo colegio donde estudió mi papá, colegio que queda en Santa Catalina, lugar a donde decidió mudarse mi abuelo hace casi 50 años porque pensaba que se iba a convertir en algo así como San Borja (claro que al final, se parece cada vez más a Balconcillo). En fin, todo esto, hizo que ese día fuera a Kfc en vez de comerme un sanchuchón de luca al frente de mi universidad (claro que también influyó el hecho de que no exista un cajero del BCP hasta el grifo que está al frente del Kfc). En fin, todo esto hizo que la viera por primera vez.
Esto ocurrió hace un poco más de un año. Y la verdad es que volví a chatear con ella recién hace como tres meses, cuando empezamos a contarnos la última parte de nuestra vida previa. No sé qué es lo que va a pasar ahora, pero todo anda bien encaminado, y espero que siga así, si es que antes no le hago perder la paciencia, claro.
Saludos peludos.
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